
El desafío consistía en introducir un nuevo gin en góndola con una propuesta coherente con su nombre y capaz de destacarse entre otras botellas.
Partiendo del concepto Vitral, diseñé un sistema de doble etiqueta: una trasera transparente y una frontal mínima y opaca que permite entrever la composición posterior. La botella se convierte en parte activa del diseño: el líquido aporta color, la curvatura genera un efecto de ampliación y la luz transforma la percepción.
La etiqueta no solo identifica el producto, sino que construye una experiencia visual cambiante. La elección de la orquídea como motivo central funciona además como gesto narrativo, en homenaje a la madre del fundador.





